Hombre Muerto Caminando
Estaba viendo una película el otro día que se trataba de un hombre que estaba preso por un delito mayor, y había sido condenado a muerte. Lo que me llamo la atención de esta película no fue que el hombre había sido condenado a morir, lo que me llamo la atención es lo que los prisioneros dicen referente a las personas que son condenadas a muerte. Los prisioneros al ver a una persona condenada a muerte se refieren a ellos diciendo “hombre muerto caminando”. Eso que ellos dicen me llamo mucho la atención porque creo firmemente que este decir también describe a muchos en el mundo. No solo describe a todos los no creyentes, o a todos aquellos que están dentro de religiones y sectas, pero desdichadamente, describe muy bien a muchos dentro de la Iglesia, es decir, a muchos dentro del Cuerpo de Cristo. Digo esto porque existen muchos en la Iglesia que proclaman tener fe, pero el proclamar tener fe no es lo suficiente, la fe tiene que ser acompañada de obras. Pasemos ahora a la Palabra de Dios y veamos de lo que les hablo.
Santiago 2:14-26 - Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Más quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.
Una de las tragedias más grande que confronta la Iglesia hoy en día es que existen muchos que profesan ser Cristianos, pero que no viven para Cristo. Millones de personas profesan a Cristo, se bautizan, se hacen miembros de una congregación, pero no siguen y viven para Cristo. No viven vidas de santidad (1 Pedro 1:16), y no dan de ellos todo lo que pueden dar para alcanzar a todos aquellos que aun están perdidos en este mundo de tinieblas, las mentiras del enemigo, y los placeres y tentaciones de la carne. No dan de ellos todo lo que pueden dar para que el evangelio alcance a todos aquellos que aun están perdidos en religiones y sectas donde nunca encontraran la salvación. Entonces, ¿se puede decir que toda persona que actué de esta manera es salvo? ¿Poseen ellos una fe genuina? Son estas mismas preguntas que estos versículos nos contestan en el día de hoy; yo diría que esta es la tentación más grande que los Cristianos hoy en día tienen, la tentación de profesar una fe, pero sin obras.
Muchos dirían que existe una contradicción entre lo que nos enseña Pablo acerca de la salvación (Efesios 2:8-9) y lo que Santiago nos dice aquí en estos versículos, pero la realidad del caso es que no existe contradicción alguna. Les digo que no existe una contradicción porque cuando analizamos la Palabra vemos que Pablo le estaba hablando a un grupo de personas completamente diferente. Para que puedan entender bien esto les haré un pequeño recuento de historia. La ciudad de Efesios en su tiempo fue la ciudad más importante en la costa de Asia menor. Doscientos treinta ciudades se encontraban en la costa de Asia menor, y muchas tenían puertos ideales, pero la de Efesios era la mejor de todos. Lo principal de este pueblo no era solamente este puerto, sino su rica y fértil tierra que cubría el área de la isla. Como a mediado del primer siglo el puerto se enarenó de tal manera que el comercio decayó drásticamente, y el puerto dejo de ser lo que había sido. Ellos trataron de sacar la arena, pero no pudieron y finalmente abandonaron la idea.
Parte de la razón porque abandonaron la idea fue por el comercio provechoso que ellos tenían derivado de las sectas religiosas. En esa ciudad existía el templo de Diana; Diana era la diosa que tenía una cabeza grotesca y numerosos senos, y su principal enseñanza era los placeres sensuales de la carne. Los peregrinos encontraron su satisfacción en la prostitución de un sin número de sacerdotisas quienes promovían el culto de la carne. Según los años fueron pasando, los efesios dependieron más y más del comercio que existía a través de la religión y la superstición. La ciudad de Efesios tenía una mortal enfermedad, tenia la enfermedad de la injusticia sensual y moral, y esta enfermedad afecto a la ciudad; corrompió al pueblo completo. Cuando Pablo llego a este pueblo encontró que en la Iglesia solo existían doce creyentes y luego de aclarar la confusión que Apolos había creado acerca del Espíritu Santo, (Hechos 19:1-7), Pablo comenzó a predicar en la sinagoga. Él enseño y predico por más de tres meses, pero los judíos endurecieron su corazón y rehusaron creer el evangelio. Con esta pequeña lección de historia todos aquí podemos ver que cuando Pablo hablo acerca de la salvación en Efesios, él le estaba hablando a pecadores que necesitaban ser salvos de sus pecados, pero en estos versículos que leímos hoy Santiago les habla a los santos, es decir, a los que ya han recibido la salvación, a los miembros del cuerpo de Cristo, quienes necesitaban ser santificados. Así que sin duda alguna todos podemos ver que no existe contradicción en la Palabra de Dios ya que existían dos circunstancias completamente diferentes. Con esto en mente continuemos ahora estudiando el mensaje de hoy.
Para que podamos entender bien el mensaje, pongamos esto que leímos hoy en términos modernos. Les pregunto, ¿puede funcionar un automóvil sin gasolina? La respuesta a esto es NO. Al igual que un automóvil no puede funcionar sin gasolina, nuestra fe no puede funcionar sin obras. En otras palabras, para que nuestra fe sea efectiva, tiene que ser acompañada, tiene que ser suplida por obras. Una de las preguntas que recibo con mucha frecuencia es: “¿se puede perder la salvación?”. Les contestare esta pregunta con otra: ¿se puede perder lo que nunca se ha tenido?”. Por supuesto que la respuesta es ¡NO! Lo contesto de esta manera porque el simple hecho de creer en Cristo no es lo suficiente, hay que vivir en Cristo (Mateo 7:21). Fíjense bien como dice aquí: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?”. Aquí existe un punto de suma importancia. El decir que tenemos fe es algo muy fácil, estas son palabras que salen con facilidad de nuestros labios, pero porque lo podamos decir no significa necesariamente que lo podamos hacer. El hombre puede decir muchas cosas, pero la realidad de todo es que las palabras son baratas, nuestras acciones son las que cuentan.
Este es el punto que Santiago esta haciendo aquí en estos versículos, y es el punto que les quiero hacer en el día de hoy. Es importante que comprendamos que nuestra fe tiene que ser acompañada por obras. Obras en el sentido que cuando aceptamos a Cristo en nuestro corazón un cambio tiene que suceder (2 Corintios 5:17). No podemos continuar de la manera que éramos, no podemos continuar en vidas pecaminosas, tenemos que movernos hacia la santidad. No podemos decir que somos de la fe Cristiana si en nuestra vida no ha sucedido un cambio. El decir que somos de la fe Cristiana y no cambiar es el mentirnos a nosotros mismos. El decir que somos de la fe Cristiana y no cambiar es exactamente eso, es el decir y nada más, porque si no cambiamos entonces nuestro corazón no esta en el lugar apropiado, no estamos viviendo en Cristo (Mateo 15:8).
Se los pondré de esta manera. Digamos que ahora existe una persona adultera, o fornicaría, o homicida, o homosexual; digamos que esta persona ahora mismo se arrepiente de sus pecados y acepta a Cristo como su rey y salvador; pero digamos también que una ves que sale de la Iglesia esta persona continua en los mismos pecados.
¿Puede esta persona decir que es salvo?
La respuesta es ¡NO!
Repito, no se puede perder lo que nunca hemos tenido. Si nos encontramos en esa situación, despertemos a la realidad que no es que hayamos perdido la salvación, la realidad es que nunca la tuvimos. Si pensamos que somos salvos, pero continuamos en vidas pecaminosas, si continuamos desobedeciendo la Palabra de Dios, sepamos que nos estamos mintiendo a nosotros mismos, sepamos que nuestra fe no es genuina, sepamos que nunca alcanzaremos llegar al reino de Dios (1 Corintios 6:9-11; Apocalipsis 21:8; 22:14-15).
Si decimos que somos de la fe Cristiana, entonces nuestra fe tiene que ser acompañada por obras. Recordemos que la obra es el cambio; la obra es el confiar en Dios en todo momento, algo que muchos de nosotros no llegamos hacer.
Quiero que notemos algo aquí también, la palabra nos dice: “Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?”.
Ahora les voy a decir algo que sé que va a levantar ronchas. Aquí se habla de una necesidad material, se habla de una necesidad física. Les pregunto, ¿hacemos nosotros igual que lo descrito aquí al ver una necesidad de esta índole? No todos hacemos igual, pero la mayoría SÍ. Sepamos que si pudiendo hacer, no lo hacemos, entonces nuestra fe esta muerta. El mejor ejemplo que les puedo poner acerca de este tema es el diezmar y ofrendar. Como todos ustedes saben, esto no es un tema que a mí me gusta discutir, pero si es algo que todos debemos comprender. La excusa más común de los creyentes para no ofrendar o diezmar es decir: “no puedo porque no me alcanza”. Pero si dices esto, ¿entonces que dice esto de tu fe? ¿Dice esa repuesta que confías que Dios te suplirá (Filipenses 4:19)? Si te encuentras diciendo eso, entonces despierta a la realidad que no confías en Dios, despierta a la realidad que tu fe esta muerta o por morir.
Te digo despierta porque la Iglesia necesita tu diezmo y tu ofrenda; una Iglesia no se puede sostener sin la ayuda de los miembros, una Iglesia no puede mantener sus puertas abiertas con centavos; el costo en muchas ocasiones es mucho mayor de lo que muchos piensan. Si tu excusa es que no te alcanza el dinero, entonces despierta a la realidad que no sirves a Dios, sino sirves al dios de este mundo cual es el dinero (1 Timoteo 6:10). Cuando diezmamos y ofrendamos le estamos diciendo a Dios que confiamos y dependemos de Él. Cuando al fin de mes, o a principio, o cuando sea que nos toque pagar nuestras cuentas lo primero que sacamos se lo dedicamos a Dios, entonces nuestra fe es acompañada de esa obra. Esa obra le demuestra al mundo que Dios toma el lugar número uno en nuestra vida, le demuestra al mundo que vivimos dependiendo de la gracia, y misericordia, de Dios. Que vivimos dependiendo y contando con las bendiciones que Él derrama sobre su pueblo (Proverbios 3:9-10). ¿Existe una necesidad física en tu Iglesia? ¡Es hora de obrar!
Para concluir. Aquí en estos versículos también vemos que Santiago hace referencia a Abraham y a Rahab, y esto es algo de suma importancia. Es algo de suma importancia porque la fe de Abraham no fue lo único que lo justifico ante los ojos de Dios. Abraham obro; Abraham estaba dispuesto a entregar lo mejor de él a Dios, Abraham entregaría a su hijo unigénito como sacrificio a Dios. La fe de Rahab (Josué 2:9) no fue lo único que la justifico ante los ojos de Dios; Rahab obro. Ella escondió a los espías en su casa (Josué 2:4); ella les demostró el camino a seguir para que fuesen salvos (Josué 2:15-16). Así que claramente podemos ver que la fe tiene que ser acompañada por obras. Es triste ver como existen muchas personas en el Cuerpo de Cristo que tal como les dije al inicio están caminando muertos en la fe. Muertos porque no han reconocido que la fe sin obras no habla del poder, misericordia y soberanía de Dios.
La fe sin obras no sirve para edificar la Iglesia, solo sirve para desacreditar a Dios. No podemos decir que nuestra fe esta firme y que confiamos en Dios si no obramos de una manera que lo indique. Es por eso que vemos que Jesús nos dice:”Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Nos dice que nuestra fe tiene que ser acompañada por obras. Nuestro comportamiento, nuestras obras son las que le revelan a los no creyentes quien es nuestro Dios. Nuestras obras y comportamiento son las que le dicen al mundo que nosotros servimos al Rey de Reyes y Señor de Señores.
Nuestra fe acompañada por nuestras obras y comportamiento son lo que nos separa a nosotros del resto de este mundo lleno de maldad (Mateo 7:20). Recordemos siempre: “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”. No quiero que nadie me mal interprete con lo que les dije en el día de hoy. No he dicho que por obras seremos salvos, el que diga esto esta muy pero muy equivocado. La salvación es solo por obra y gracia de Dios (Efesios 2:8-9). Pero si les digo que si nuestra fe no es acompañada por obras, entonces no podemos decir que tenemos una fe genuina. Tal como el automóvil necesita combustible para funcionar, tu fe necesita buenas obras para funcionar. Has hoy que tu fe funcione, ¡COMENCEMOS A OBRAR!